El fenómeno climático de El Niño podría reaparecer en 2026 con un 62% de probabilidad, escenario históricamente asociado a sequías, aumento de temperaturas y cambios en los patrones de precipitaciones en Costa Rica.
Según el más reciente informe del Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), el evento podría ocurrir entre junio y agosto.
Durante una fase de El Niño, hay una disminución de las precipitaciones, mientras que La Niña suele provocar un aumento de las precipitaciones en el país.
Estado y desarrollo
Actualmente, la NOAA indica que el sistema océano-atmósfera está bajo la influencia de La Niña. Los científicos esperan que esta situación empeore en los próximos meses.
Entre mayo y julio, hay un 55% de posibilidades de condiciones neutrales antes de que aumente el calentamiento anómalo del Pacífico ecuatorial que marcará la transición a El Niño.
En Costa Rica, el Instituto Meteorológico Nacional (IMN) descartó en febrero la influencia de La Niña luego de meses de monitoreo climático.
“Durante 2025 y principios de 2026 se mantuvo un monitoreo climático constante debido a un enfriamiento progresivo en el Océano Pacífico ecuatorial. Sin embargo, el enfriamiento no alcanzó el umbral requerido ni se sostuvo por el tiempo necesario. Nunca hubo una conexión entre el océano y la atmósfera”, explica Karina Hernández, del IMN.
Posibles efectos en Costa Rica
El impacto de esta fase depende en gran medida de la época del año en la que se desarrolla el fenómeno.
Así lo explicó Rodrigo Castillo, del Centro de Investigaciones Geofísicas (CIGEFI) de la Universidad de Costa Rica (UCR).
Por ejemplo, durante la temporada de lluvias, que suele ir de mayo a noviembre, el fenómeno suele cambiar los patrones de viento y precipitación.
«Cuando se presentan condiciones de El Niño, los vientos alisios tienden a fortalecerse. Esto genera un cambio en la velocidad y dirección del viento y dificulta la formación de sistemas ciclónicos», explicó Castillo.
Como resultado, la temporada de huracanes en el Atlántico tiende a debilitarse, mientras que en el Pacífico se pueden registrar más ciclones.
Al mismo tiempo, este patrón atmosférico provoca cambios en la distribución de las precipitaciones en el territorio nacional.
- Vertiente del Pacífico: Los vientos más fuertes reducen el transporte de humedad desde el océano, lo que a menudo resulta en condiciones más secas de lo normal.
- Vertiente Caribeña: El fortalecimiento de los vientos alisios favorece la entrada de humedad, por lo que las precipitaciones pueden aumentar.
Temperaturas más altas
Los efectos también se pueden sentir con mayor intensidad durante la estación seca, que se extiende entre diciembre y abril, provocando un aumento de las temperaturas.
“En estos meses El Niño tiende a debilitar los vientos alisios, lo que reduce el transporte de humedad desde la cuenca atlántica hacia Costa Rica. Esto favorece cielos más despejados y una mayor incidencia de la radiación solar”, indicó.
Como resultado, las temperaturas tienden a subir.
Infografía que explica El Niño y La Niña, dos fenómenos climáticos opuestos en el Océano Pacífico que pueden tener un impacto significativo en la meteorología, los incendios forestales y los ecosistemas – AFP / AFP
¿Se espera un «súper El Niño»?
Durante la semana pasada, algunos medios internacionales mencionaron la posibilidad de un «súper El Niño», término utilizado habitualmente para describir eventos extremadamente intensos.
Sin embargo, Castillo señala que aún no hay evidencia suficiente para confirmar que este escenario vaya a ocurrir.
«Los modelos actuales nos permiten predecir la posible aparición de El Niño a mediados de año, pero aún no es posible determinar con certeza qué tan fuerte puede llegar a ser», afirmó el experto.
De manera similar, la NOAA está de acuerdo con esta evaluación. La agencia señala que existe una probabilidad entre tres de que el evento se vuelva fuerte a finales de 2026, pero subraya que la «intensidad sigue siendo incierta».
«Cuando hablan de predicciones para 2027, ya es muy especulativo. Intentan buscar similitudes entre eventos pasados y condiciones actuales, que eventualmente podrían desarrollar este tipo de patrón que ya ha ocurrido», enfatiza el experto.
Se han producido fuertes episodios de El Niño en años como 1982, 1997, 2015 y 2023. Estos episodios han provocado sequías, inundaciones y cambios climáticos en diferentes regiones del mundo.
«Se espera que esto pueda finalmente mantenerse hasta 2027, porque no se prevé un enfriamiento dadas las condiciones del calentamiento global. El forzamiento radiativo, un predictor del cambio de temperatura promedio global, juega un papel importante para que este exceso de calor del sistema climático no sea expulsado hacia afuera y genere retroalimentación en el sistema océano-atmósfera.
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¿En qué se basan estas proyecciones?
Castillo explicó que estas predicciones se basan en modelos climáticos internacionales que monitorean la interacción entre el océano y la atmósfera.
«Este tipo de modelo permite hacer predicciones climáticas con varios meses de anticipación. En el caso del modelo de la NOAA, la ventana de pronóstico llega a unos nueve meses», dijo Castillo.
Además, los científicos comparan estos resultados con el sistema europeo de pronóstico estacional, lo que permite validar las tendencias observadas en el Océano Pacífico ecuatorial.
El observador consultó al IMN sobre el tema; Sin embargo, han señalado que no será hasta finales de mes cuando den una posición sobre si prevén una fase de El Niño en 2026.