

La depresión en los niños puede aparecer ya a los 2 años de edad. Sin embargo, muchas veces pasa desapercibido porque no siempre se manifiesta con tristeza, sino con irritabilidad, enfado o cambios bruscos de comportamiento.
Así lo explicó la académica de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional (UNA), Tamara Fuster, quien advirtió que este tipo de trastorno puede presentarse en cualquier etapa de la vida.
“La depresión puede ocurrir en todas las etapas de la vida, lo que pasa es que tendrá diferentes manifestaciones dependiendo de la etapa en la que nos encontremos”, resaltó.
Además, este escenario no es aislado; Los datos del Centro Nacional de Toxicología muestran que los problemas de salud mental ya tienen manifestaciones importantes en la población.
Sólo en 2025, el 21,57% de las intoxicaciones tratadas estuvieron relacionadas con intentos de suicidio. Asimismo, los menores son uno de los colectivos más afectados, con una importante presencia de casos en la población de menores de 12 años.
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No siempre es triste
A diferencia de los adultos, la depresión en los niños suele expresarse a través de irritabilidad, enfado o cambios bruscos de comportamiento.
«Son niños que de repente tienen rabietas fuertes o explotan por cualquier cosa», explicó Fuster.
Por ejemplo, una señal de advertencia es la pérdida de interés en actividades que antes disfrutaban. También puede producirse falta de energía o aislamiento social.
En edades donde el juego es central, resulta preocupante cuando el niño deja de disfrutar de estas actividades o evita compartir con los demás.
Asimismo, pueden ocurrir cambios físicos, como cambios en el sueño o la alimentación.
(Foto Freepik).
¿Tristeza o depresión?
Por otro lado, el especialista insistió en la importancia de distinguir entre una emoción normal y un posible trastorno.
«La dureza es una emoción básica que todos los humanos experimentamos y que hasta cierto punto es normal o incluso adaptativa», señaló.
Situaciones como la pérdida de una mascota, un cambio de colegio o la ausencia de un ser querido pueden, por ejemplo, provocar tristeza en los niños.
Sin embargo, estas condiciones suelen ser temporales y forman parte de un proceso esperado.
«La diferencia es que estas sensaciones no deberían durar más de dos semanas», explicó.
Si los síntomas persisten o empeoran, puede tratarse de un caso de depresión.
Factores que pueden influir
Si bien las causas de la depresión infantil son variadas. Pueden estar relacionados con factores biológicos o sociales.
Por un lado, se incluyen la predisposición genética y las dificultades en el vínculo emocional con los cuidadores.
«En un contexto donde ambos padres trabajan, fortalecer ese vínculo se vuelve fundamental», advirtió Fuster.
Por otro lado, factores como:
- Presión académica
- dias largos
- acoso escolar
- Exposición a la violencia.
En cuanto al uso de la tecnología, el experto indicó que aún se encuentra en estudio.
«Si bien hay diagnósticos que establecen una relación, no se sabe con certeza si esto se debe al consumo o porque limita la socialización», explicó.
¿Cómo ayudar desde casa?
Ante este escenario, los especialistas recomiendan prestar atención a los cambios de comportamiento.
Además, es clave brindar espacios seguros para que los niños expresen sus emociones.
Por ejemplo, se recomienda escuchar sin juzgar y evitar reaccionar con regaños ante un comportamiento irritable.
De igual forma, es importante demostrar afecto a través del contacto físico, como abrazos o un compañerismo cercano.
Mantener rutinas saludables también puede marcar la diferencia. Esto incluye horarios de sueño adecuados, hábitos alimentarios equilibrados y actividades recreativas.
«Se ha demostrado que el tiempo en contacto con la naturaleza ayuda con condiciones de ansiedad o depresión», afirmó el experto.
¿Cuándo buscar ayuda profesional?
El especialista también advirtió que se debe buscar atención profesional cuando los síntomas persistan o empeoren.
También cuando aparecen signos de mayor riesgo.
«Si el niño empieza a hablar de la muerte, de que no quiere ser una carga para su familia, si regala sus cosas o se hace daño, hay que actuar de inmediato», enfatizó.
En estos casos, la intervención temprana es clave para proteger la salud mental del menor.