








Cada vez que un evento climático extremo y fuera de los escenarios promedio – sean lluvias, tormentas o sequías – hay muchos clamores. El clamor de comunidades que viven los efectos en primera persona y en sus hogares. El clamor de las instituciones que se señalan unas a otras mientras reiteran que no tienen recursos. O el clamor de quienes proponen soluciones técnicas adecuadas para atender el problema con mayor contundencia.
Cuando la emergencia golpea a las zonas rurales, ahí sí la capital y el faro del Valle Central vuelven a ver a las regiones costeras o del campo donde invierte menos.
Hoy está sucediendo en Manzanillo, comunidad histórica del distrito de Cahuita en el cantón de Talamanca, en el Caribe Sur costarricense, polo turístico de la Vertiente Atlántica. Hoy se levantan de nuevo los clamores debido a la pérdida de playa ante el avance del mar por los efectos del último empuje frío. Pero el aviso ya estaba dado desde hace más de una década.
Distintas instituciones y organizaciones han estudiado y confirmado lo que la gente de Cahuita ha clamado: el mar se sigue comiendo la tierra. El más reciente análisis de la Universidad Nacional (UNA) – que ha mantenido un monitoreo constante desde hace varios años – resume la erosión anunciada: en el sector crítico de Manzanillo se perdieron 40 metros de playa en 16 años.
Línea de costa que retrocede
Manzanillo cuando había playa…el hoy líder comunal Cesmar Rivera hace unos años en un punto donde hoy, ya no hay metros de playa para caminar. (Cortesía)
“La playa medía casi 15-20 metros. Y ahora no hay árbol ni playa“, recuerda con lamento Cesmar Rivera Gamboa, vecino de Manzanillo y vocal de la Asociación de Desarrollo Integral (ADI), mientras señala el horizonte donde este febrero solo se ve el mar lavando la arena donde él se trepaba a la copa de un árbol cuando era más joven.
Esa es la explicación de la tasa de erosión, la cifra que la comunidad científica mide para estudiar este fenómeno. La tasa de erosión es la medida del retroceso de la línea de costa o de la pérdida de material de superficie (sedimentos, suelo o roca) en un período de tiempo dado. Usualmente se expresa en distancia retrocedida (metros) o área perdida (m²) por unidad de tiempo (años).
Gustavo Barrantes Castillo es profesor de la Escuela de Ciencias Geográficas de la Universidad Nacional (UNA) y Coordinador del Programa de Geomorfología Ambiental, el cual ejecuta proyectos sobre la erosión en el Caribe Sur, desde Moín en el cantón central de Limón, hasta Gandoca en el último pedazo de suelo costarricense antes de que Talamanca se tope con Panamá.
Junto a colegas investigadoras han venido midiendo el retroceso de la costa en distintos periodos; realizando comparativos; y enlazando trabajos con el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac), para mantener un monitoreo constante también dentro de las áreas protegidas. En el pasado ya habían publicado:
- 2018: en una investigación pionera, Barrantes y Luis Sandoval Murillo identificaron 11 puntos calientes (hot spots) de erosión costera en el Caribe.
- 2019: en el artículo Playas críticas por erosión costera en el caribe sur de Costa Rica, durante el periodo 2005-2016 señalaron que la tasa de erosión de la playa fue moderada en el periodo 2005-2010 con un valor de 745 m²/año, pero se duplicó a 1.678 m²/año entre 2010 y 2016.
- 2025: junto a Daniela Campos-Durán publicaron que en un sector de Manzanillo de 500 metros se dio un retroceso de 23 metros entre 2005 y 2016, para una tasa de erosión de 2,1 m/año, siendo esta erosión intensa. También a la par de la plaza de Manzanillo hubo en retroceso de 40 metros en 16 años, y en otros sectores cercanos apenas un par de metros.
Esta imagen aérea muestra la pérdida de playa en la zona crítica de Manzanillo, aquí al lado de la plaza de la comunidad. (Presentación de Gustavo Barrantes/UNA)
Especialistas del área de geografía, topografía y otras áreas realizan mediciones para estimar la erosión marina en Cahuita, Manzanillo y otros puntos. (Cortesía de Gustavo Barrantes/UNA)
En noviembre del 2025, en el I Congreso EcoCiencia Caribe en Cahuita, el especialista presentó los datos actualizados al 2019. En su presentación mostró que en el mismo sector crítico de 500 m en Manzanillo se mantiene una erosión intensa con una tasa de -2.0 m/año y un retroceso medio de -31.8 m en 16 años, alcanzando los -40 m en algunos puntos.
Este dato es el más actual y aún no ha sido publicado en el usual artículo científico donde la Escuela de Ciencias Geográficas de la UNA plasma los resultados de su investigación. “Tenemos que entender que la costa va a retroceder“, dijo Barrantes en el Congreso.
Preocupación por áreas protegidas
Cada fin de semana, decenas de turistas locales y extranjeros buscan las hermosas playas de Manzanillo y Cahuita. (Manuel Sancho Gutiérrez)
“No se puede ver el problema aislado. Lo que sucede en la costa tiene vinculaciones con lo que está sucediendo a nivel global como es el ascenso del nivel del mar. El ascenso del nivel del mar y la tectónica local se están sumando para incrementar procesos de erosión”, explicó en entrevista con El Observador.
METER VIDEO DE ESPECIALISTA DE LA UNA – GUSTAVO BARRANTES #1
Al experto también le preocupa que hay erosión intensa en las Áreas Silvestres Protegidas (ASP), que son zonas menos intervenidas. Esto se debe a la degradación de los corales, específicamente la pérdida de rugosidad y diversidad del coral, lo cual permite que oleajes severos pasen encima de los arrecifes coralinos y provoquen erosión en la costa.
“Si esto está sucediendo en áreas protegidas, ¿cómo vamos a manejarlo en las áreas que están dentro de la ley de zona pública? Porque entendamos que si la playa está retrocediendo en esa tierra, también la zona pública lo está haciendo. Y esto provoca 2 cosas. La primera, que la infraestructura que está sobre la costa se vea más expuesta a los oleajes severos y también que la infraestructura empiece a sentir los defectos de la erosión, la pérdida, el retiro de sedimentos”, alertó Barrantes.
El mar se “come” al Parque Nacional Cahuita
En el Parque Nacional Cahuita hay zonas donde el sendero se lavó ante el oleaje y la erosión. (Cortesía Aclac)
Durante el Congreso científico, el experto también actualizó el estado de la erosión para el Parque Nacional Cahuita con datos al 2020:
- En Playa Blanca en la entrada del Parque hay una tasa promedio de -0,1 m/año con un retroceso máximo de -12.2 m.
Sector playa Blanca. (Cortesía de Gustavo Barrantes/UNA)
- El segmento de 600 metros, protegido por el arrecife, presenta una tasa de erosión de -2.5 m/a considerada intensa, con un máximo de -3.4 m/a.
- En promedio este sector ha retrocedido -36.6 m (2005-2019), con un máximo de -53.0 m.
- En el campo el efecto de la erosión se ha constatado con la destrucción tramos del sendero que recorría la costa, así como con la caída de árboles de entre 15 y 25 m que no corresponden con vegetación costera.
Sector protegido por el arrecife. (Cortesía de Gustavo Barrantes/UNA)
- En el antiguo muelle la tasa media de erosión es intensa con valores de -1.9m/a y un máximo de -3.5 m/a.
- El retroceso medio de la costa fue de -18.9 m, con un máximo de -37.5 m.
- La erosión es evidente al verse partes del antiguo muelle, la constante reubicación del sendero y el contacto actual de la vegetación del humedal con la playa, además de la destrucción de la vegetación que se encontraba tras la playa.
Sector del antiguo muelle. (Cortesía de Gustavo Barrantes/UNA)
- Finalmente, el último sector analizado al sur de Puerto Vargas experimentó una tasa de erosión de media de -1.4m/a un máximo de 3.1 m/a.
- El retroceso medio fue de -15.4 m con un máximo de -32.5 m.
- Según la exposición en el Congreso la destrucción de sectores completos de vegetación costera y el contacto actual de la playa con los humedales costeros es evidencia de este retroceso acelerado.
Datos para planificar con participación de la gente
En ciertos sectores del Parque Nacional Cahuita el sendero fue consumido por la erosión. (Cortesía del Aclac)
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La emergencia de un empuje frío asusta y poner a correr a la comunidad y a las instituciones. Sin embargo ya se han generado suficientes mediciones para tomar decisiones. Gustavo Barrantes es claro en que la erosión no se puede evitar. Lo que sí se puede cambiar es cómo y dónde construimos, dónde vivimos y cómo operamos las personas.
“Tenemos que adaptar el uso del suelo en la zona costera, especialmente el tipo de construcción, el tipo de materiales, la altura del suelo, qué debe quedar en la zona costera y qué debe retirarse en función de la exposición a un riesgo de desastre, porque estos oleajes van a seguir penetrando, van a seguir erosionando y la actividad turística se está expandiendo”, aseguró.
Al mismo tiempo el geógrafo matizó que el ordenamiento territorial no es un proceso técnico-científico, sino un proceso social de participación. Los datos también deben usarse en relación con cómo viven las personas en Cahuita, Manzanillo o cualquier comunidad afectada por la erosión.
“Es importante que nuestros datos sean considerados, estudiados y se interpreten a la luz de la realidad de las comunidades para que planifiquen su territorio, pero de una manera más participativa, no impuesta diciéndoles, ‘tiene que irse porque viene la erosión’, sino que la persona ya ha visto que hay erosión. Entonces, si les podemos explicar el proceso y lo que implica quedarse ahí, decidir si podemos darle alguna solución para que se retire o si podemos cambiar la forma de construir para adaptar los procesos”, justificó.
Acciones urgentes
Barrantes puntualiza 2 elementos necesarios para actuar ante la erosión marina:
- La solución debe estudiarse en el sitio, porque las playas son diferentes. La forma en la que se transportan los sedimentos son diferentes en las playas, así como el tipo de sedimento. Se debe entender de dónde viene el sedimento, para dónde va, antes de decidir específicamente cómo intervenir una playa.
- Hay que entender las cuencas hidrográficas, es decir, el área por dónde se mueven los ríos y el agua hasta la misma salida al mar. Entender qué aportan los sedimentos y cómo se usan esos ríos. Si hay represas o embalses, el sedimento no llega a la costa. “Entender la costa es entender integralmente toda la cuenca.”
Desde hace 2 años, el Área de Conservación La Amistad Caribe (Aclac, que administra el Parque Nacional Cahuita y el Refugio Manzanillo entre otras áreas protegidas) trabaja con la Universidad Nacional. El centro educativo funciona como asesor científico de las propias mediciones de los guardaparques para interpretar los datos recolectados. Incluso, el funcionario del Sinac, Francisco Domínguez, hizo mediciones para su tesis de maestría hace unos años.
La directora del Aclac, Maylin Mora Arias, señaló que ya han identificado necesidades como adaptar el turismo en el uso de senderos, mover su infraestructura, implementar más acciones de restauración y sumar más a la comunidad en esas prácticas de reforestación.
“La restauración y reforestación es la forma con mejores resultados que más podemos hacer, porque todo lo que se vaya a trabajar con erosión es bastante caro, tiene que tener bastantes recursos que en este momento nos tenemos”, dijo la funcionaria.
METER VIDEO DE SINAC – MUJER MACHA CON BANNER
El Aclac ya planea proyectos para crear un arrecife artificial, o adaptar senderos para que sean aéreos o del todo cerrarlos. Pero reconocen que el proceso es lento y falta más sensibilización de la comunidad. En este momento, el Sinac está actualizando el Plan de Manejo del Parque Nacional Cahuita para los próximos 10 años, el cual incluirá el estado de la erosión.
A pesar de tener tendencias historicas, las instituciones involucradas en el ordenamiento territorial, como la Municipalidad de Talamanca, el Instituto de Desarrollo Rural (Inder) y otras, no manejan la información. La Directora del Área de Conservación afirmó que se les compartirán los datos más recientes para generar alerta y crear acciones conjuntas.
“Al monitoreo que hacemos nosotros y hacen ellos, la forma en la que combinamos la información y los datos. A llegar el momento donde nos sentemos en conjunto para tomar las decisiones de cuáles son las medidas que se pueden implementar en función, por ejemplo, relaciones costo-beneficio, por un lado, y relaciones del impacto ambiental de las soluciones, porque toda solución tiene un impacto ambiental también.
Las que son más apropiadas son las soluciones basadas en naturaleza, pero no pueden garantizarte que el problema se eliminó, sino que se hace un poco más lento. Entonces, las soluciones que se implementen deben ser a partir de un proceso participativo que debe iniciar ya porque ya tenemos la información”, concluyó Barrantes.